El año que me falló el instinto (o yo no lo escuche) 


Este post lo escribí el segundo año que las niñas salieron de la escuela para educarse en casa.

A la pequeña le agrada mucho que sea su mamá quien le enseñe, para empezar porque sabe que me interesa su bienestar y su futuro, se lo he contado muchas veces después de aquel 1er año de primaria.
Algo dentro de mi hizo click cuando supe que la esperaba, eran tiempos difíciles pero eso es historia para otro día por muchos factores logramos una conexión diferente, especial eso lo supe desde que me vi delante de ella, parecía un bombón rosado que como le dije desde antes de nacer había llegado para alegrar mi vida.
Quería un nombre especial para ella y le puse Pamella Cassandra después de mucho pensarlo, al ver el significado de ambos nombres según un libro que encontré en ese entonces lo decidí con la ayuda de su papá.
Pamella= Dulce
Cassandra=Amor que seduce
Era un dulce amor que seduce, le hacía falta desde mi punto de vista esa energía a su alrededor
Siempre fue así, como su nombre Dulce, amorosa, te llega al alma…
Enamoraba con sus ojos y sonrisa a todo el que se le paraba enfrente, era la típica niña que cuando no hay más caramelos para regalar y seguía ella, iban por mas o lo conseguían solo para no dejarla sin uno.
Creció rodeada de amor, de palabras cariñosas, en kínder todos la querían, todos pedían estar con ella y tenía muchos amigos.
Siempre ha tenido una energía especial, pero la siento, la percibo cuando sufre, cuando llora, cuando es feliz y ella a mi, si yo estaba triste venia corriendo a abrazarme y me miraba a los ojos diciendo, “mami yo te quiero mucho” “mami no llores” y no lo hacia, ella me sanaba. Aun lo hace.
Al salir del kínder y entrar a la misma escuela que su hermana estaba feliz! Lo decía a gritos: Yo estaré con Tita! Ya soy grande como ella!
Ese primer día la deje en la escuela muy feliz, pero al ver a su maestra algo me gritaba desde dentro, le dije a mi marido “voy con la directora, que la cambien de salón” el me detuvo, me dijo “espera, dale una oportunidad ya vez como es ella, se gana a la gente.”
Que lejos estábamos de la realidad.

El primer día se quejó de que la maestra gritaba mucho, me tome una tarde entera para explicarle que algunas personas suben mucho el volumen de la voz pues temen que los niños no les oigan ya que son muchos. Ella lloraba, me decía que no quería ir a la escuela porque su maestra les hablaba feo.
Mi mamá que fue maestra más de 30 años me dijo, es normal ella no está acostumbrada a que oír tanto grito, déjala se le pasara.
El primer mes me calme un poco el deseo de cambiarla de salón, además el maestro del otro grupo era “flojo” jugaba mucho con los niños y nadie avanzaba (mejor ni les digo lo que pienso ahora) todas las mamás se quejaban de él.
Bueno esperamos unos días y quise hablar con la maestra, le explique que tratamos de ser muy respetuosos con nuestros hijos y no usamos los gritos para hablarles, que si podía ayudarnos para que la niña al ser su primer año en esta escuela le fuera más fácil adaptarse, además es muy sensible, así es ella. Quizá por sus aptitudes relacionadas con el arte ella es un ser más sensible desde muy pequeña.
La maestra me dijo que ella les hablaba a todos igual y solo Pame se quejaba.
Pues si ahora lo sé, se quejaba con razón, se quejaba porque no era su ambiente, se quejaba porque hay niños más sensibles al ruido a los gritos y a la energía, vibra, o como quieran llamarle, que irradia la gente
Esta etapa fue de meses difíciles, poco a poco, subiendo de nivel.

Continuamos en otro post…Gracias por leer hasta ahora.

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