El inicio

Desde que recuerdo mi mamá cuenta la misma micro historia. A los 4 años me enseñó a leer.

Creo que fue con el tiempo que aprendi que para ella era un orgullo. Si, hasta que yo misma fui mamá y comprendí lo bonito que se siente ser quien enseña las primeras palabras, las primeras vueltas en bicicleta, a nadar, a leer.

Cuando yo tenía algo así como 3 años me llevaron a vivir a casa de mis abuelitos maternos pues mi mamá y mi papá tenían que trabajar y los tiempos no eran los ideales para ir y venir por mi hasta el centro de la ciudad de Monterrey. Es realmente una historia diferente y más extensa esa de vivir lejos de mis papás pero ayudo en mi formación lectora.

En casa de mis abuelitos vivían mis tías y tíos que aún no se habían casado y a mi tía Coty le gustaba, no, disfrutaba realmente leer. Puedo decir que era una persona que leía por placer.

Cómo maestra en ciencias sociales ahora sé que muchos de los libros que tenia eran por su carrera tanto en geografía, historia y el estudio de la sociedad. Y esos entre otros tantos de medicina y cultura general.

Siempre digo que mi mamá me enseñó a leer, pero fue mi tía Coty la que me enseñó el amor a leer. La que me facilitó la entrada a esos mundos a los que escapé muchas veces, tantas como hacían falta.

En mis cumpleaños lo que más disfrutaba recibir eran libros, con que gusto recibía esos paquetes envueltos qué revelaban sin dudar que habia un libro dentro. Cuando nos mudamos de casa yo tenía casi 5 años y recuerdo cuando llevaron ese maravilloso librero enorme. Para mi lo era.

Mis tías orgullosas los llenaron con sus libros y a la fecha así sigue. Libros más, libros menos pero es para mi un recuerdo de mi infancia. En el piso de arriba había otro pequeño librero y me acuerdo que quizá cuando mi tdah se desregulaba mi tía me pedía ayuda para sacudir esos libros. Yo sacudía dos y leía uno.

Leía muchos cuentos, lecturas variadas pero el primer libro completo que leí llegó en un regalo. El diario de Ana Frank. Creo que tenía 8 años cuando me sacó de mi burbuja y descubrí una realidad que aún me crea un nudo en la garganta y lagrimas en los ojos. Para mi, fue el libro que me enseñó que también los niños y niñas podemos pasar injusticias. Yo misma a esa edad todavía no veía la que más adelante entendería como la injusticia más grande que cambió mi vida.

Mi tía Coty proveía toda clase de lecturas, libros, revistas, etc. Pero cuando iba a casa de mis papás era mi papá quien me compraba todos los cómics qué eligiera de la tienda a la que ibamos juntos. Era un deposito cerca de la casa y después fue el seven eleven en donde llegaban todos los cómics en español más recientes. Amaba esos días en que tocaba abastecerme de lecturas de vacaciones.

Más adelante mi tía Irma, la que compraba libros de medicina y me curaba todas las heridas, descubrió selecciones. Y empezamos a leer la revista y muchos libros más que fue comprando con el tiempo.. No importaba el tema, yo leía y leía sin parar. Fueron mis tías y mi papá quienes me ayudaban a sumergirme en una realidad interesante para mi. Mis primas y mi hermana siempre me decían que era rara por leer tanto o por contarles sobre lo que aprendía o me interesaba. A mi me parecía muy natural y ni me afectaban sus palabras. Eso creo.

Nunca he dejado de leer, y cuándo fui mamá encontré en la lectura una conexión más con mis bebés y conforme fueron creciendo descubrí que todos leemos y disfrutamos la lectura a nuestra manera, lo importante es tener a la mano esa llave directa a mundos maravilloosos, una biblioteca alcanzable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.